martes, 20 de noviembre de 2012

El Sol y la Luna


Leyendo por allí me encontré con una hermosa leyenda que quisiera hoy compartir con ustedes, se trata de cuando Dios creó el mundo, al hacer el Sol y la Luna, ellos al encontrarse se enamoraron inmediatamente, pero su camino ya estaba hecho. Dios hizo al Sol para iluminar a los planetas, básicamente la tierra, para dar calor y vida a los seres que poblarían en ella, era el responsable de mantener la vida. La luna iluminaria las oscuras noches, traería ilusión a los enamorados, brillaría en la ventanas, en los puertos y guiaría a los hombres en sus caminos, además de servir de inspiración a los poetas. Sería responsable del amor y los sentimientos. 

La Luna con su energía femenina se enamoró sin compasión del Sol, y sigue sufriendo por esa terrible separación que Dios decidió para ella, el Sol por ser más fuerte soportaría todas los días su ausencia, y trataría de perseguirla para nunca alcanzarla, porque al intentarlo llega el ocaso para darle fin a su carrera, y mantener la ilusión y la esperanza para el día siguiente, así que todas las tardes, se lleva todo su amor transformándolo en colores de la más hermosa gama en el ancho cielo. El Sol  fuerte y lleno de esperanza guarda todas sus ganas para el día siguiente. 

La Luna sufre por la ausencia de su amor, que nunca termina de cumplir su promesa y a veces en el mes rebosa de alegría llenándose de luz y redondez, para regalarnos la luna llena, pero el desazón de la ausencia la va  acompañando y va menguando su luz …a veces desaparece entre las nubes, secando sus lagrimas con ellas. Cuentan que Dios un poco para mitigar su pena, le regalo a la Luna las estrellas, para que fueran sus confidentes. Pero aún así, la tristeza y la soledad siguen apoderada de ella. 

El Sol quien ha aceptado con  mucha dignidad su estatus de ´´Astro  Rey´´, insistió con Dios en buscar una solución a ese amor interrumpido, queriendo mitigar así la  soledad y tristeza de la Luna, y entonces Dios llenándose de compasión creo el Eclipse, como la gran oportunidad para que ambos se encontraran y se amaran. Y así ocurre cada cierto tiempo, que ambos tienen la oportunidad de amarse, de fundirse el uno con el otro, ese momento por cierto tiene toda la intimidad de una pareja, de la pasión, porque emite una luz cegadora para los intrusos que queramos ver. 

Este cuento nos llena de ilusión, y de esperanza sobre todo para aquellos que esperan a una pareja, una oportunidad  que seguro Dios no  olvidará para ustedes, pues encontró una solución para el Sol y la Luna.  Siempre habrá un momento para nosotros, para el romance y para el amor ¡!!!.

Dilcia Guzmán de González

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