El discurso del rey (The King's Speech en su versión original en inglés) es una película británica de drama histórico, dirigida por Tom Hooper y escrita por David Seidler.
Colin
Firth interpreta al rey
Jorge VI que, después de
la polémica abdicación de su hermano Eduardo VIII, se convierte en rey pero tiene dificultades para
gobernar debido a que tartamudea. Para superar este problema, decide recurrir a
Lionel Logue, un terapeuta del habla poco ortodoxo
interpretado por Geoffrey Rush. Los dos hombres se convierten en amigos
a medida que trabajan juntos, y después de la abdicación de su hermano, el
nuevo rey se basa en las enseñanzas de Logue para hacer un discurso de radio en
el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. (www.es.wikipedia.org/wiki/El discurso del rey, 07/09/2012).
Recordemos que en la película el rey Jorge VI, tuvo que
enfrentarse con él mismo y con su grandísimo ego, para entender que a través de la amistad con Logue, y el respeto que tuvo que aprender a darle, fue que comenzó a fluir dentro de él
la paciencia y la fuerza para batallar con su problema y poder así, presentarte
con un discurso limpio, con palabras diáfanas y sin tartamudeo. Rompiendo
incluso muchas barreras dentro de la helada institución a la que pertenecía,
para imponer al sr Logue como su
terapeuta, y no los recomendamos por las autoridades eclesiásticas.
Pero ahora me voy a referir a
los contenidos de un discurso y no a su pronunciación. Específicamente aquellas personas que tienen un discurso fuerte,
hiriente, carente de tacto en nuestra vida
cotidiana, entorno familiar o de trabajo. Ahora bien, ¿estás personas no
deberían seguir el ejemplo de Jorge VI? Y recorrer el mismo camino de este
personaje, lleno de opulencia, posición, y con un ego gigantesco. Para de
alguna manera lograr que su discurso llegue al lugar adecuado, en el momento
justo y que se convierta en una acción fructífera. Esto, solo se logrará, con
el conocimiento y la práctica del respeto al otro, el surgimiento de la amistad
o el compañerismo, la devoción al
trabajo, el conocimiento de las fallas de ambas partes, porque así como el Rey
tuvo que aceptar su condición de minusvalía, y aceptar que el terapeuta podía
ayudarlo, porque poseía la experiencia y el conocimiento del problema. Así de
la misma manera debe siempre reconocerse en el otro las competencias y
debilidades, como las de nosotros mismos.
Lo interesante de la película o
de este hecho histórico, es que el rey en este caso, a pesar de su alta
posición dentro de la sociedad británica, tenía una carencia y necesitaba de la
ayuda de alguien, ocasión muy buena para reestructurar su ego. Hago esta
analogía porque en resumen siempre aunque estemos en posiciones privilegiadas,
necesitaremos de alguien. Y allí hay que tener presente como debería ser el
trato con esa persona, de la que dependeremos por un momento.
Espero pues que podamos llevar
siempre esta interesante experiencia en nuestro portafolio, y preparar cada día
¨El Discurso del Rey¨.
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