Hoy quiero hablar de la humildad, pero primero quiero traer la definición para comprenderla mejor. Según el Diccionario
de la Real Academia, y desde un punto de vista
virtuoso. ”Consiste en aceptarnos con
nuestras habilidades y nuestros defectos, sin vanagloriarnos por ellos”.(www.rae.es/drae/15.08.2012). Del
mismo modo, la humildad es opuesta a la soberbia, una persona humilde no es
pretenciosa, interesada, ni egoísta como lo es una persona soberbia, quien se
siente auto-suficiente y generalmente hace las cosas por conveniencia.
Las religiones suelen asociar la humildad al reconocimiento de
la superioridad divina, por ejemplo para
el budismo, ¨la humildad es la conciencia respecto al camino
que se debe seguir para liberarse del sufrimiento.¨ Según el cristianismo la humildad
es una cualidad o característica humana que es atribuida a toda persona que se
considere un ser pequeño e insignificante frente a lo trascendente de su
existencia a Dios según si se habla en
términos teológicos. Como vemos las religiones le dan un
enfoque más complejo asociándolo con la posición que debemos tomar frente a
Dios para alcanzar la salvación.
La filosofía también tiene mucho que decir al respecto por ejemplo Immanuel Kant afirma que" la humildad es la virtud
central de la vida ya que brinda una perspectiva apropiada de la moral." (www.rae.es/drae/15.08.2012)
Después de pasearnos rápidamente por estás definiciones, sin intensión de estudiarlo
desde estas perspectivas. Es importante hoy día saber cómo manejaremos la humildad y cuál
debería ser el enfoque correcto, debido a que escuchamos a diario cosas como aprende
a ser "humilde", "trabaja tu humildad ". Hoy por hoy, en un mundo globalizado con
alto impacto social, se nos hace necesario presentarnos como personas humildes,
cuando digo esto me refiero a estar consciente de nuestras habilidades, pero no
hacer pómpas de ellas, no presentarnos nunca como el más inteligente, o el
mejor en esto u lo otro, porque hiere susceptibilidades. Para algunos, esto
podría dar risa y pensar ¿porqué escribir sobre este tema?.
Pero, día a día en nuestro trabajo, en nuestro entorno familiar, amistoso,
académico etc., la falta de humildad podría traernos muchos problemas en el
trato con los demás, llegando inclusive a ser un impedimento para mejorar nuestro nivel profesional. ¿Por
qué?, porque la idea nunca es demostrarle a los demás que tenemos más
conocimientos, o que aquello que sabemos es lo máximo, o que tenemos siempre el
conocimiento de la verdad. Además de ponernos en el odioso lugar de
demostrarla, ponemos en tela de juicio a la otra persona, así se lo dejamos
sentir. Como podríamos concluir, siempre que nos presentemos de esa manera
generará problemas de convivencia en cualquier índole o área, y terminaremos
por ser una persona detestable y arrogante. Ser humilde no significa ser
sumiso, obediente o cualquier rasgo de debilidad, más bien es lo contrario se
requiere de suficiente determinación, fuerza, carácter para controlar el ego y
mostrar quienes somos realmente, a donde vamos y que queremos, para así conectarnos con nuestra esencia. La
falta de humildad va casada con la soberbia, el ego, el narcisismo y todo lo
contrario a que el hombre encuentre el camino para ver su propia realidad y las
de los que lo rodean.
Cuando se posee el conocimiento, se muestra cuando se necesita y sobre todo
si nos pagan por él, pero siempre conservando el tino de no herir a los demás.
Ahora bien, si se trata del ámbito social o familiar, no valdría la pena
imponer nuestros conocimientos, como si fuese una justa o un desafío.
Por otro lado, el mundo globalizado nos obliga a ser cada día más
competitivos, sobre todo en el ambiente profesional, donde la gente va
considerando que hacer siempre gala de sus competencias es casi una obligación.
Pero esta especie de contradicción hay que saberla manejar y no confundir la falta
de humildad con las exigencias del mundo globalizado. Una cosa es prepararnos
cada día mas, mejorar nuestras habilidades y otra es hacer gala de ellas de una
manera exagerada.
Casi como una regla que tenemos que aplicar, es el buen trato, el respeto al otro, el respeto
a sus conocimientos , el hacer la pausa y escuchar con paciencia, porque no
estamos en un concurso de saber y ganar. Es administrar la guinda del pastel,
es jugar al equilibrio, es pensar y tener presente al otro, porque existirán
suficientes momentos a solas, en mi escritorio para derramar todo ese concierto
de sabiduría, pero ojo no es derramarlo sobre la otra persona.
Dilcia Guzmán de González
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