En medio del bullicio turístico de Barcelona, subiendo por
el Passeig
de Grácia, se encuentra el barrio de Grácia, que posee su ruido particular, escondiéndose un poco de los turistas, y de las grandes
corporaciones, está el barrio, donde juegan sus habitantes más pequeños, donde
se entrecruzan todos las generaciones, cada uno con sus sueños. En esta linda zona vive mi hijo, que también tiene su sueño particular.
Construido con edificios tímidos por su baja altura, se pavonean como si
fuesen de este siglo, porque alguien se atrevió a remodelarlos. Puede que
conserven su fachada pintoresca de siglos pasados, pero al bajar la perilla del
inodoro te darás cuenta, que ya estás en este siglo.
Por la calle Torrijos, bajando hacia Travesera de Grácia, te encontraras
con el mercado, que no pareciera vender frutas
o vegetales, sino más bien parece un museo de colores , lleno de amarillos,
rojos y verdes, donde los pimentones se
quedan tranquilos en medio de las conversaciones entre los bogavantes y el salmón,
aterrados por que le quiten su color. Así, que cercano al mediodía concurren
todas las señoras para llevar a sus mesas estos alimentos, y
pintarlas con colores y aromas.
En este tránsito de calles apuradas, suben y bajan temprano, los niños que
van al colegio, los hombres y mujeres
que abandonan el barrio para ir al trabajo, las bicicletas, los coches, el
panadero que va corriendo para no llegar tarde y amasar el pan a tiempo, y las
viejitas buscando una iglesia donde dejar su oración. Pero no se queda del todo solo, comienzan a llegar, los turistas
perdidos, que se van colando por esas calles, y que perdidos entre una y otra, se van enamorando de las ventanas, de
los balcones, de los negocios atendidos por sus dueños y de las plazas que van apareciendo como por capricho, con
pequeños bares que te invitan a tomar una copa de vino o una taza de café,
viendo el sol que se filtra cada mañana o que se escapa cada tarde, o viendo la
fachada de la iglesia de Sant Joan, que al final nunca abre.
Así, pase los días que estuve allí, entre el calor de la calefacción y el
reloj despertador del butanero que sonaba todas las mañanas a la misma hora.
Tomaba mi café y me disponía a vivir mi aventura al bajar y caminar por las
calles de Grácia, en realidad no era un barrio, era un tejido conformado
por la gente de allí, la que nunca ha salido del barrio, y por la gente nueva
que llega de otras partes buscando un sueño, pero pareciera que ese lugar,
tiene su encanto, y que tal vez puedan conseguirlo. En caso de que no lo
logren, pueden escapar por la calle Torrent de les flors y llegar al parque
Güell, allí vivirán el atrevido juego que hizo Gaudí con el cielo y con
la tierra.
Solo camina por Grácia, déjate llevar, tomate un café cada tarde y déjate
enamorar......seguro que fue allí donde se invento el amor. Hoy día de los
enamorados no dejo de pensar en ese lugar, lugar perfecto para el amor, y para
soñar. !!!!
Dilcia Guzmán de González

